Dupbak: Una Ballena cubierta de Árboles y Gente

De las más de trescientas islas que forman el Archipiélago Kuna, la mayoría es de origen coralino. Pequeñas islas e islotes, con poca o casi ninguna elevación del nivel del mar. Pero hay una muy especial, que según los geólogos, es de origen continental, un fragmento del continente, una prolongación.
Una isla mágica, misteriosa, encantadora, con un nombre que siempre me fascinó: Dupbak. En ella viven cerca de 180 personas. Y desde donde se le observe, parece una ballena, una enorme ballena descansando en el mar. Y de allí su nombre. Es la única comunidad insular con árboles variados, frutales y forestales, de diferentes tamaños, incluso tiene dos riachuelos. Una superficie mayor que las otras islas, y de una gran elevación, es una montaña en el mar.

Hasta hace poco, en esta isla, era posible observar iguanas, pecaríes y otros animales del monte. Me contaron que un tiempo fue posible observar algún venado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla fue ocupada por el ejército norteamericano que puso una batería antiaérea en la colina y en parte deforestó las pendientes. Cosas de aliados. ¡Podía aparecer aviación enemiga!

Sin embargo, otra es la historia de esta isla, su origen, su misterio. Hace miles de años, cuando la luna era mas intensa, una ballena, se salió del grupo cuando viajaban y se divertían por las costas de lo que hoy es conocido como el Archipiélago de las Mulatas. Fue seducido por una música extraña, un sonido raro, hermoso. El sonido, la música venía del bosque, de la selva próxima. ¿Sería alguna sirena terrestre? ¿Aves saludando el paso de los amigos del mar? Lo cierto es que nuestra ballena, quedó rondando la costa, escuchando la música y un día se quedó durmiendo para siempre al frente del bosque mágico. Y poco a poco, sobre ella, fueron anidando pájaros, que fueron regando semillas, fueron naciendo flores y árboles; de los árboles fueron cayendo frutos, y un día llegaron los animales (nadando talvez, ya que la distancia desde tierra firme es muy poca)….y la ballena se fue transformando en una preciosa isla….que hoy llamamos Dupbak.!

Antes de conocer esta historia, pensaba que las ballenas nunca pasaban por nuestras costas, que eran seres marinos que sólo nadaban por el norte frío, el sur helado o en lugares distantes.

Muchos pueblos del mundo, cuentan historias de ballenas, otros contabilizan sus capturas. Los mapuches tienen la leyenda de Trempulcahue: “cuatro ballenas llevan las almas de los mapuches que mueren hasta la Isla Mocha, desde donde parten en una balsa fúnebre hacia una desconocida región situada a Occidente, más allá del horizonte marino. Las cuatro ballenas son mujeres mágicamente transformadas en cetáceos, que realizan su tarea a la caída del sol de cada día, pero que ningún ser humano puede ver”.

Hoy estos extraordinarios mamíferos marinos, luchan por su sobrevivencia. Cada año miles son muertos con fines comerciales y científicos. A pesar de una moratoria que acabó con gran parte de la caza ballenera, países como Noruega y Japón hacen caso omiso de tales disposiciones.

Dicen que es posible observar ballenas en nuestro Istmo, cerca de las islas de Taboga, Otoque y otras partes del Golfo de Panamá y en las islas alrededor del Parque Nacional Coiba. ¿Será que cerca de Dupbak también llegarán compañeros de aquel que un día decidió morar junto a nuestras costas?

Las ballenas, los delfines, manatíes y otros habitantes del mar, navegan, juegan y se divierten en sus aguas; es su casa, son sus bosques y los hombres tantas veces no navegamos, simplemente pisamos su hábitat. Un recurso más, decimos. Y vamos, pisoteando la Tierra y el Mar, ¡hasta que un día….!

septiembre de 2006