¿Adónde van los cayucos cuando envejecen?

Cuentan que un día apareció por las islas de Kuna Yala un mergui (“gringo”) coleccionador de cayucos viejos, de cayucos olvidados. Quien lo vio no olvida la imagen: un barco de cabotaje, de esos que venden mercancías de pueblo en pueblo, llegaba a los muelles y amarrados a su cola arrastraba sobre las olas cayucos o pedazos de cayucos viejos, de diferentes tamaños.

¿Para qué querría ese extraño viajero comprar cayucos viejos?

Después, no se supo su destino.¿Habrán quedado en un museo? ¿En las salas de algunas casas como arte exótico y primitivo? ¿O será que entre una isla y otra encontraron una tempestad y algunos “escaparon”, hacia a aquella isla adonde según una antigua leyenda van a dar los cayucos olvidados?

Se que existen cementerios de barcos abandonados, en muelles y fondeaderos viejos, de donde nunca más saldrán esos armatostes cargados de memorias e historias. Como el de la bahía de Nuadibú, en Mauritania, donde centenas de embarcaciones de todas las nacionalidades yacen junto a la playa.

Pero una isla misteriosa donde van a parar los cayucos viejos y abandonados… ¿Será que existe o será que la he soñado?

Y mientras escribo estas líneas, escucho un viejo tango cantado por Diego el Cigala – “Niebla de Riachuelo” – “…barcos carboneros que jamás han de zarpar…torvo cementerio de las naves que al morir, sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir…

La relación entre los cayucos y los kunas, es de mucha complicidad, con historias de enorme intimidad. Como cuando observaba a mi tío Fred, el pescador- poeta y cantor de blues, que al llegar de la pesca conversaba con su piragua, agradeciéndole su compañía mientras le daba un baño y le deseaba larga vida. Escuché también esta intimidad en los cantos sagrados de la Casa Grande, cuando el sahila cantaba de cayucos dorados que acompañaron los primeros días de la Creación.

Cuando envejecen, cuando los viajes a la mar o al río para entrar en el generoso bosque van siendo menos frecuentes, porque quizás alguna cicatriz molesta y anticipa posible naufragio, los cayucos de los kunas siguen en otras formas acompañando a sus amigos, a sus cómplices. Así, en los baños medicinales – esas terapias de flores y plantas -, es en un cayuco en tierra que nos bañamos… ¡Cayucos medicinales! ¡Cayucos terapéuticos!

O cuando a una niña le llega la primera señal de que la vida es fecunda, y la aldea se alegra porque una nueva mujer colorea la isla, las mujeres bañarán diariamente a la púber sentada en un amoroso cayuco. Por cuatro días, hasta el momento de la ceremonia final. ¿Qué secretos le contará a su cayuco la bella habitante de la aldea?

Los cayucos nos acompañan también en la fiesta grande, en la ceremonia mayor y más completa del ritual dule, la Inna, que algunos llaman “chicha brava” reduciendo quizás los vuelos maravillosos de la ceremonia y sus sentidos que es mucho más que la sola bebida sagrada. Allí en esa fiesta, un viejo cayuco o a veces una nueva piragua, sirve como gran recipiente de la bebida, entre los gritos alegres y el canto compartido.

Y en el viaje final, antes de la siembra definitiva del cuerpo, cuando el poeta del masar igar (canto funeral) canta y cuenta la vida del que se va, preparándolo para los obstáculos a vencer en su viaje por los ríos sagrados, para que el alma no se pierda y encuentre la patria final, le hablará también al muerto de sus cayucos que fueron un día, de los mismos que lo esperarán para el nuevo viaje del alma. Y describe además los árboles que hicieron posible la maravilla. Ahí está también el cayuco, ¡Acompañando el viaje final!

En mi niñez soñaba tener un día un bello y elegante canalete, un remo. Era para mí el paso a la mayoría de edad, no teniendo los niños ceremonias de iniciación a la edad madura pues aquellas son femeninas. Y me decía “el día que tenga un grande y lindo canalete, ya seré un adulto”…A la espera de mi primer viaje, en compañía de una canoa dule. ¡Capitán de mis días adolescentes! Y es que los kunas solemos escribir en nuestro canalete favorito, a veces en lenguaje “críptico”, algún mensaje de amor.

Se que en una esquina de mi casa en la aldea de Ustupu está esperándome mi canalete favorito. Y sospecho que también, un cayuco, ansioso de nuevas aventuras!

04 de abril de 2007 (en el dia que Siembran, fecunda siembra, a nuestro querido maestro y Sahila Dummat Harmodio Vivar).

volver a Crónicas

1 comentario

  1. Raúl Pérez Díaz dice:

    el cayuco en nuestra cultura tiene mucho valor, en ella surge la sabiduria, los conocimientos, donde bañamos tambien en la medicina. es interesante maestro este articulo, me gusto mucho.

Haga su comentario:

Amigos & Links

Blog – Diario de viaje

volver arriba