Sobre NegOcios, territorios y otras artes…

Al Pueblo Naso y la lucha por su Comarca!

Arte de Ani

(Cebaldo) ¿Dónde comienza este NegOcio?  Por una casa, o mejor por una Neg o Nega como los Kuna, en su lenguaje marino, llaman a la casa. Una Neg es más que un espacio físico, va más allá de los ladrillos, de los techos de paja, metal o cemento. Ella es el territorio, es la lengua, son los sitios sagrados, es el cosmos, el útero, los nidos, los abrazos. 

Aveces las casas viajan con sus habitantes, como los Turkana en los desiertos de Kenya, que se trasladan con su casa desarmada al hombro, o los Evenko en la taiga siberiana, o los Nukak Makú en Colombia. Puede también que las casas estén en las montañas, esos locales que parecen impenetrables monolitos de roca pero son fuente de biodiversidad, cuidados amorosamente por sus habitantes en Nepal o en los Andes.

(Jorge) Era febrero de 1975 cuando mi padre nos llevó a mis hermanos y a mí por primera vez, donde sus amigos los Kunas de Ustupu que celebraban el 50 aniversario de la Revolución Kuna. A Kuna Yala se le conocía como San Blas; Kuna se escribía con “C”; mi padre, Eleodoro, tenía 58 años; y yo era un joven de 18 descubriendo recién el país donde había venido al mundo. Al entrar a la Onmaket Nega de Ustupu, mi padre anunció: “Aquí les traigo a mis hijos, para que aprendan de ustedes”. Luego y para deleite de la audiencia comenzó a hablar en quechua, la lengua autóctona más usada en América y que él aprendió siendo niño en su pueblo de Cajatambo, en la sierra del Perú.

(Estos son recuerdos que ya he contado alguna vez Cebaldo, pero que bien vale reciclarlos ahora que me propones hablar de la “casa”, del territorio que se habita…)

Poco antes y en la avioneta que nos traía desde el antiguo aeropuerto de Paitilla, miraba yo asombrado, también por vez primera, las selvas primarias de la vertiente del Caribe de Panamá. Y cuando descendíamos, ese mar celeste fulgurante allá abajo, matizado por inmensos cocales y arrecifes coralinos… Un instante antes de aterrizar alcancé a ver gente remando en cayucos, que entraban por la boca de los ríos. La experiencia marcó mi vida y le abrió nuevos rumbos. Cuánto aprendizaje vino después con gente Ngäbe, Emberá, Buglé…

(Cebaldo) Una Neg o Nega no necesita de puertas sino tan sólo de luz y de cuidados. El río, el mar, el bosque… son también Casa, son Nega; o más bien su prolongación. Ella es sagrada, por eso queremos que siempre tenga aroma de flores. “No la violemos, seduzcámosla con palabras y gestos” – así canta el Sagla kuna en la Casa Grande – Onmaket Neg

En estas Negmar (plural: casas), niños, mujeres y ancianos viven una permanente complicidad. ¿Dónde residirá el secreto o la receta de esta forma de vida?

Señores de otra aldea “más civilizada” dicen que esta gente es iletrada, salvaje e inculta. Dicen también que son unos ociosos, unos perezosos, nada “productivos”, y que no tienen horario. Acaban diciendo que “nada aportan al mercado” y que hay que civilizarlos.

En una de estas aldeas de “ociosos”,  el inaduled  – médico-poeta – se levanta a las cinco de la mañana, cuenta su sueño a la mujer amada, y luego toma el primer baño en el agua que acaricia. Su cayuco está a la espera, agradece él a la vida el día generoso y se desplaza hasta el río donde tomará su segundo baño. En su jardín, en su bosque, buscará las plantas medicinales, conversando siempre con  ellas, recogerá algunos cocos y algún plátano ya maduro. En el manglar recogerá dos o tres cangrejos. Y de nuevo en el mar, con su anzuelo, un pez para la nieta que le espera en casa. Estos “ociosos”, tan sólo se dedican a cuidar bosques porque saben que es el hogar de animales y humanos; cuidan los ríos y la casa común. Y en la aldea danzan, porque danzando equilibran los sonidos de la Tierra. Tejen vestidos que hablan de la vida y se pintan el cuerpo, que es también territorio sagrado.

(Jorge) Manuel Jiménez proviene de una familia interiorana que llegó al Bayano en los años ´70 cuando todo era selva y se construía la Hidroeléctrica Ascanio Villalaz. Hoy la región está a tres horas en automóvil de la ciudad de Panamá y “Manolo” reside en la comunidad campesina de Loma Bonita. El estuvo al frente del Comité de Agua de Loma Bonita y se siente orgulloso de haber sido guardabosque voluntario del INRENARE. Un día me encontré a Manolo en la parada de la escuela de su comunidad, donde casualmente yo esperaba el bus junto a un amigo Kuna. Se acercó y me dijo, en tono casi de confesionario: “Si no hubiera sido por esta gente [los Kuna como mi amigo, pero también los Emberá], ya por aquí en Bayano no quedarían montañas…

Jorge Martínez estudió cinematografía en Argentina y volviendo montó el proyecto “Cosmovisión” con el que ha llevado buen cine a muchos poblados del interior. Una noche de hace unos años platicábamos en la comunidad Emberá de Piriatí, también del Bayano, luego de proyectar documentales hechos por jóvenes indígenas y campesinos locales. No se me olvida lo que me dijo: “Los panameños tuvimos en la gesta por la recuperación de la soberanía en el Canal, un norte que nos unió a casi todos. Hoy necesitamos un nuevo norte. Y creo que éste bien puede ser el reconocer y poner en valor la  diversidad cultural que somos.”

Me siento muy cercano a las opiniones de Manolo y Jorge. Este país es diverso, magníficamente diverso. Aunque con frecuencia se desconoce que las dos diversidades que nos caracterizan, la cultural y la biológica, son interdependientes: la una no va sin la otra. Bastaría con ver el mapa de la cobertura boscosa: donde están las poblaciones indígenas están los bosques remanentes del país. O con entender los cantos ceremoniales de un sukia Ngäbe, o un jaibaná Emberá, quienes dialogan chamánicamente, familiarmente, con la tierra. O con abrir los ojos y ser testigos de la persistencia en la lucha por la tierra de los siete pueblos originarios del país… una lucha que es una pelea también por defender a la Nega, como tú bien sabes Cebaldo.

(Cebaldo) Uno de los recuerdos más fascinantes de mi infancia en la aldea fue vivir las ceremonias de carcajadas de mis tías y sus vecinas. Cuando empiezan su sinfonía de carcajadas las mujeres de mi aldea dicen cosas, comentan, juran, juegan, seducen. Y yo regresaba a mi casa más alegre, divertido y feliz. Qué bien me hacía todo eso. ¡Risoterapia!

Estas son gente improductiva para algunos, para aquellos que cargan otra forma radicalmente distinta de ver el mundo; para quienes lo que manda es la ley del mercado, donde todo es mercancía.

(Jorge) “Un indio sin tierra es un indio muerto”, nos dijo hace muchos años el cacique Leonidas Valdez, de Carti Suigdup. Me sorprendió la fuerza de sus palabras pero hoy las entiendo plenamente. El “otro”, despreciado desde la conquista, ve a la naturaleza como un sujeto vivo, como la Madre fuente de vida…

Lograr la legalización colectiva de los territorios – ojo: no propiedad individual sino co-lec-ti-va – requiere de un proceso largo, costoso, y más de una vez desatendido por agencias gubernamentales. ¿Cuántos de nosotros en la capital sabemos que hay comunidades – aquí cerca, en Bayano por ejemplo – que llevan hasta cuatro décadas tratando de legalizar sus territorios, sin resultados? Majé Emberá Drua se llama uno de esos territorios. Allá, hasta los pvc que llevan el agua a las comunidades han sido inutilizados por las quemas de los invasores de sus tierras y bosques.

Cuando los noticieros señalan que se deforestan y queman las selvas del Darién, anuncian que se hace humo tanto la diversidad biológica como la cultural.

¿Qué pasa cuando se niegan títulos colectivos a quienes siempre han estado ahí, mientras que no se controla la invasión de los que vienen empujados, o son la vanguardia económica y política, de un estilo de desarrollo que lo que busca es la mayor ganancia individual al menor tiempo posible (y sin pagar los platos rotos)? ¿Cuál es el resultado a la larga para la gente y para el ecosistema? …Si no cuestionamos ese “orden” injusto e insostenible vamos todos al despeñadero.

Pueblo Naso

Qué bueno sería volver a encontrarnos con Manolo y Jorge – y también con Eleodoro y el cacique Leonidas que ya fueron “sembrados” – y escucharlos. Enriquecerían el diálogo respetuoso y justo que nos hace falta para ser un país diverso y con equidad. Un país donde la diversidad biológica y cultural sea asumida no como obstáculo ni como atraso sino como lo que verdaderamente es: una riqueza de oportunidades.

(Cebaldo) Por todas estos motivos, el bosque, como los territorios indígenas, es un lugar que canta y encanta, mancha verde al borde del azul, una sombra extendida que da vida, un jardín de delicias y alegrías, una Neg… ¡Una Casa para cuidarla siempre!

Que este 2019 que ya está a las puertas, sea menos doloroso, de más sonrisas, de más ocioscompartidos, de Negmar habitadas con ternura. ¡Y que continuemos reinventando día a día nuevos NegOcios!

Son los deseos de vuestros amigos, Inawinapi y Jorge.

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22 diciembre, 2018

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