Inventario de Agosto

Agosto, años cincuenta, en una isla – Ustupu -, una joven acaricia su vientre: pronto parirá su primer hijo. La aldea entera está feliz, su maestra, la primera maestra de la aldea, les regalará ahora un nuevo habitante. Y la Casa del Parto está pronta. Así fui recibido, por parteras, entre humo de cacao y la alegría de mi comunidad. Mi placenta y el cordón umbilical quedaron sembrados en la selva al frente de Ustupu, alimentando tierra y árboles.

Agosto o Gigi Nii en el calendario de los Kuna, tiempo de migraciones de pequeñas aves que cruzan las islas. Las lluvias continúan, las fases de la luna indican el tiempo preciso para el cultivo de la tierra, las cosechas, la segunda tala de árboles, alguna caza quizá, las ceremonias que vendrán, una Inna (fiesta de la chicha) ya se siente en el aire.

Ese mismo año (1953) y a miles de kilómetros, en otra isla varias veces mayor, Kenji Mizoguchi filmaba su “Cuentos de la luna pálida después de la lluvia”. De esto me enteré mucho después y me imagino, por esas cosas tontas que nos pasan por la cabeza, que cuando la barriga de mamá crecía, esta película también se completaba. Niño y filme nacían poco a poco, de luna a luna, en el mismo año y en islas distantes.

Agosto, años ochenta, Portugal fue para mí una alegre, colorida y sabrosa sorpresa. Llegaba a sus playas por vez primera. Alice le había contado en cartas a sus padres y hermanos, que tenía un amigo indio, un kuna (lo de kuna nada les decía, un indio sí, por las películas de soldados y vaqueros “made in usa”) y nos esperaban con curiosidad y emoción. El hermano menor era el más emocionado, pero no quedó muy convencido cuando nos vio llegar. Después Alice me diría: “Alfredo quedó un poco defraudado; esperaba no que llegases en taxi o en tren, sino a caballo. Además, no tenías ninguna pintura en la cara y usabas ropa igual a la de él. Y además, ¿dónde estaban las flechas?, ¿dónde el hacha?” Entonces él sólo tenía 8 años, pero hoy Alfredo ya conoce mis islas, viajó a Panamá, nadó en las aguas kunas, comió iguana y se divirtió en las aldeas. Ya sabe que los cayucos son nuestros caballos y que al final nuestras flechas son las palabras, pero no para herir. Las otras flechas, las guerreras, descansan, ¡y ojala para siempre!
Cuentan que las antiguas mujeres portuguesas nunca se casaban en el mes de agosto. Eran otras épocas. En agosto los navíos zarpaban a buscar nuevas tierras. Tiempos de conquistas, de expediciones, de aventuras. Casarse en agosto significaba quedar sola, sin luna de miel, hasta posiblemente viuda. Historias y creencias que cruzaron el mar y llegaron hasta Brasil, donde también se guardaba agosto.
Hoy Agosto es un mes de fiestas, de encuentros, de casamientos, porque es verano y regresan aquellos que han migrado. Un año o varios años han estado sudando y sudando, por el pan y por la vida. Pero agosto es para descansar y vuelven de Francia, de Canadá, de USA, del mar, de tantas partes. Y quieren casarse en la aldea amada.
Y un día de Agosto, en una de las ciudades más bellas del mundo, blanca de tanta luz, Lisboa, Alice y yo intercambiamos anillos, miradas, besos y caminos. Y ambos seguimos naciendo y renaciendo cada agosto.

Y otro Agosto, ya en este nuevo siglo, me avisaron desde Panamá que a papá lo habían sembrado, a orillas del Rio Abudi, mi querido río de amores juveniles. Allí están los seres de mi aldea que partieron a cruzar los cuatro ríos sagrados, a las Tierras Sin Mal. El ciclo de la naturaleza se cumple, en el mismo bosque, cerca del mismo río, donde un agosto de hace medio siglo alegremente papá y sus amigos sembraron mi placenta y la sangre de Mamá. ¡Ternuras de agosto!.
Dicen los aldeanos de estas tierras portuguesas que agosto es el mes de las aguas. En las fuentes, en ríos, y sobre todo en el mar, el agua puede estar bendita. Hay días en agosto que el agua está así y hay que bañarse, está llena de virtudes y magias. Ella cura enfermedades, da belleza, ayuda en el amor, espanta a los malos espíritus. Me acuerdo del We Tripantu, el rito mapuche de la purificación, el Año Nuevo Mapuche, “el nuevo sol que regresa”. La luna renueva todas las aguas, hay que limpiar el cuerpo, el espíritu, la mente. El agua limpia.
Y este Agosto, yo Inawinapi, animal de ritos, me bañaré en una pequeña aldea de pescadores, donde iremos con Alice a renovar compromisos, deseos, conjuros, en las frías aguas del Atlántico Norte.

Aguas de Agosto… Lunas de Agosto: Espantemos los miedos, ¡Celebremos la Vida!
Agosto de 2006.

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