El Libro de Olodualigipiler

Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita,
la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
Eduardo Galeano. El libro de los abrazos

Para muchos es tan solo el satélite mayor de la Tierra y sin luz propia. Para otros, poetas, amantes y otros hechiceros, más que eso: la Luna o Nii – en el lenguaje kuna – es cómplice, guardiana de noches mágicas, musa, compañera de angustias lentas y dulces esperas, culpable de nacimientos florales y animales fantásticos y reales.

Cantan los Sahilas y nuestros Mayores, que al comienzo de los tiempos, cuando la Tierra estaba en gestación y aún no estaba la luna, un joven llamado Olonidalibipiler vivía con Gabayai, su hermana, a orillas de un gran río. Una larga historia de amores imposibles, que al final provoca la huida de nuestro héroe hacia el cielo, donde se transforma en la luna y toma otro nombre: Olodualigipiler. Nombre sagrado, nombre chamánico.

Quién no le ha dedicado algún poema, alguna canción; libros, filmes, historias de la luna, con la luna, a la luna… y por eso yo, eterno aprendiz de hechicero – de escritor-, me propuse un día escribir mi primer libro, que se llamaría el Libro de Olodualigipiler.

Hasta hoy el libro tiene tres páginas. La primera un dibujo de mis hijas, a cuatro manos, una luna de ojos enormes con lindos aretes; la dibujaron el día en que escuchamos en la voz de Vicentico Valdés “los aretes que le faltan a la luna”; la segunda pagina tiene un poema de Jaime Sabines, “La Luna”: “(…) pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver.”; la tercera ya no es un “plagio”, ninguna copia, solo dice ¡agosto!

Agosto, porque es mi mes primero, mi primer nacimiento;mes de aguas benditas, y en este libro ensoñado quiero contar el encanto de cada mes, las complicidades de la luna con el mar; las historias que nos cuentan nuestras abuelas, de los peces que abundan en meses de lluvia; de los vientos y sus humores, de los olores que invaden y seducen a la aldea y que son – o eran, no lo sé –diferentes cada mes. Contar cuál es el mes o los meses donde el olor de los mangos invade las casas, cuál el de guabas, el tiempo de sábalos, el tiempo de iguanas.

Contar en este libro, qué aves cruzan las aldeas en el mes de la caña brava; por qué al mes de mayo le llaman mes de las tortugas, yaug nii, cuándo es el tiempo preciso para el cultivo del maíz. Contar otras historias y de otros pueblos, no solo el kuna. Mis otras lunas, mis otros nacimientos.

Recordar y contar a través de los renglones de este libro los días en que acostados en cayucos iluminados por la luna, confesábamos entre amigos las primeras desilusiones de amor, o los días a espera de una invitación, de la frase esperada para la seducción, ¿“vamos al río”? Ir al río de noche y en buena compañía era un paso seguro a la gloria, como un paseo por las nubes, un camino a las estrellas. Y la luna oculta, consintiendo, desbaratando miedos y componiendo encuentros.

Hay días en que para mi la luna es el hermoso joven, que según la historia kuna se elevó al cielo con sus manchas de amor, otras veces es la bella dama a espera de sus aretes.

Las mujeres kuna han conseguido entender este lenguaje lunar cuando cosen sus vestidos, sus molas con telas de colores donde tatúan sus sueños, sus deseos, miedos, historias y encantos que les salen del lado izquierdo del pecho y se deslizan hasta la punta de los dedos. Me cuenta una de estas magas, que ella esta allí, con sus fases, pero que los hombres noconseguimos descifrarlo. La luna protege a quienes saben recibir sus rayos, sus guiños, su luz.

Creo que, los aretes que le faltan a la luna, es, tal vez, esta historia inconclusa, esta inacabable novela.

Y como cantaba la poetiza, yo también tengo fases como la luna, días en que quiero salir, días en que me escondo. Como este libro, lunático, que quiere salir, que quiere ocultarse.

Tengo fases como la luna
fases de andar oculto, fases de salir a la calle….
fases que van y vienen
en el secreto calendario que un astrólogo arbitrario
inventó para mi uso… (Cecilia Meireles. Lua Adversa)

Cebaldo Inawinapi, Ina Nii (noviembre) 2007

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