Diario de un Viaje

A la memoria de Alfredo, generoso médico sevillano, que quiso que sus cenizas se regasen por el mar kuna.

Primer día
Aterrizamos en Usdup, mi Casa, una de las 366 islas de Kuna Yala, con la intención de estudiar el papel del turismo en la Comarca, pero también retornar a nuestros lugares de afecto. Somos dos investigadores, Xerardo natural de Galicia, profesor de antropología en una universidad del norte de Portugal y yo. En la Casa del Peregrino, como se conoce la Residencia del Padre Benicio, encontramos dos viajantes franceses – David y Julie – vienen desde Alaska, recorriendo en todo tipo de transporte, muchos países. Pero se van quedando más tiempo en pueblos indígenas. David camina por el mundo, desde sus trece años. Nepal, Madagascar, Oaxaca…Kuna Yala.

Segundo día
Llovió toda la mañana, mucha agua, un turista accidental que paseaba nos comentó que era difícil ir a la playa. Usdup, al contrario de las islas de Gardi no tiene abundancia de islas desiertas. Otra es su riqueza. Me acuerdo de una frase de alguien que dijo “la lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino”. En esos instantes apareció Jorge Ventocilla, que nos acompaña en estos primeros días y me comenta ¡tu aldea la han tomado los niños¡. Con tanta agua, los adultos, o se esconden o corren a refugiarse en algún techo o paraguas, pero los niños salen a danzar con la lluvia. Están en todas las calles, a jugar y a sentir en sus pieles las caricias del cielo. Juegan desnudos y yo observo, recordando este ritual infantil, que hoy, ya adulto, no nos atrevemos a vivir porque fuimos perdiendo la inocencia y nos sentimos sitiados por la lluvia.

Tercer día.
Napinusa (niño pequeño) es el nombre de nuestro cayuco y Roberto nuestro buen capitán, conocedor de los humores del mar y de los caprichos del viento. Napinusa nos llevará desde Usdup hasta las islas de Gardi en una travesía de encuentros, sorpresas y alegrías.

Quinto día
En la aldea de Diguir –Tigre-, se pasea con un cuaderno en la mano un visitante que parece un marinero perdido, pero su historia es otra. Es un uruguayo de Montevideo, tiene 63 años y anda con su moto Suzuki 500 a recorrer la América. Nos cuenta que le han secuestrado los indios, que hay hombres buenos, malos y los de Tigre. Ha venido con su potro de hierro desde Canadá y un malentendido en Colón le ha llevado a ser prisionero del desencuentro, pero hoy ha sido su día de suerte, pues en su encuentro con nosotros ha podido hablar con su familia, le han reducido la multa y un amigo colombiano le vendrá a buscar brevemente. Pero reconoce la generosidad y la ayuda de muchos comuneros. Le invitamos a comer y nos regala su bombilla de mate como recuerdo. Nunca tomo mate, pero cada vez que acaricie esta bombilla, me acordaré del marinero-motociclista y sus días en Tigre. ¡Buen viaje amigo!

Octavo día.
Estamos en Narganá, lugar de mis alegrías adolescentes, hacia muchos años que no regresaba a esta isla. Siempre volvemos a los lugares donde fuimos felices, dice una canción. Conocimos un anai con una vida asombrosa, nos cuenta que muchos visitantes le han prometido hacer una película, un documental y un libro sobre su vida. Le han tomado centenas de fotografías, le han entrevistado decenas de veces, pero hasta ahora todo ha quedado en promesas.
Pero que hay de extraordinario en 7B?, como se le conoce en Narganá. Nos cuenta que un día de noviembre de 1999, siendo guardia de seguridad en la ciudad de Panamá, le dispararon, le robaron el arma y le descargaron en su cuerpo 7 balas. Después de varios días en coma, los médicos no se explicaban como no murió, ni cómo no quedó en una silla de ruedas para siempre. Cuatro balas aún se alojan en su cuerpo. Nos muestra sus cicatrices, las físicas y las del alma.
Cuando el sol dispara sus rayos con fuerza, sus balas parecen querer salir, pero dicen los médicos que su dolor tiene un precio de 150 balboas por bala, esa es su angustia y su condición. A pesar de su cuerpo torturado, nunca deja de sonreír, y nos ha pedido que contemos su historia y su drama.

Décimo quinto día
Hasta ahora hemos recorrido más de 20 comunidades, hemos hecho decenas de horas de grabaciones, fotos, cuestionarios, conversaciones, observaciones que quedaran para siempre en nuestra memoria. Al final estamos hechos de penas, de afectos, de alegrías, de esperanzas y no solo de métodos, cálculos y teorías. Los anais nos han recibido con alegría y hospitalidad, he visto a amigos que no veía desde hace 30 años o mas. Se que he de volver a estos lugares amados, con otro proyecto íntimo y personal: contrabandear poemas de isla en isla, en un cayuco a vela!

Nalunega (KY) 31 de mayo de 2006

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