Cuatro Postales para estos días

1. Cuerpo buscando verano.
Este diciembre quiero veranos, cada vez más me desacostumbro del frío, de esta estación de aguas, de nieve, de ropas y más ropas. ¿Será que me voy deshabituando (y deshabitando) del invierno? No tengo nada contra el invierno, me gustan sus colores y sus olores pero este diciembre quiero estar en el mar, bajo un sol intenso y escuchar las voces de mis amigos en las calles de Usdup o tu voz… en la Peatonal. Sin embargo, el cuerpo y la casa se preparan para otro invierno.

¿Y el alma? Estará el alma preparada para todas las estaciones posibles? ¿O es un lento aprendizaje? ¿Y si, contrario al cuerpo, ella, el alma, quiere vivir todas las estaciones?

2. “Mi hogar queda entre la infancia y el sueño” o algunos pequeños rituales.
Los termómetros miden las temperaturas de la calle, del día, del cuerpo…y yo me pregunto ¿Se puede medir la temperatura mítica de la infancia? ¿La de los recuerdos?¿Sus fríos, sus calores, sus sueños? Por estos días son intensos los recuerdos de los primeros regalos, de la primera amiga, del amigo que ya no está en este río, del regalo que nunca recibimos y continuamos a esperar.

En Usdup, la aldea de mi infancia, los diciembres eran una mezcla de olores, colores, sabores y emociones, como en tantas aldeas y ciudades del mundo. Las tiendas y los restaurantes invitaban a comer; en tantas casas se compartían frutas y sainos. Y los juguetes, la promesa de diciembre, eran patrimonio de la calle, y no de las casas. Una vez mis padres me regalaron un carro, era el mayor de la aldea, el más grande, yo tenía unos cinco o seis años, y recuerdo que lo disfrutamos tanto y tanto lo vivimos que “andó” solo dos semanas. Acabó estrellado contra un árbol y lo enterramos en el mar, en el muelle, donde desde entonces seguro que sirve de refugio a peces y algas; patrimonio de la calle, “nuestro” carro ahora es patrimonio del mar.

3. Pescadores que cultivan corales (Ecosistemas del Amor Prohibido)
El mar sube, el clima cambia, muda, y los corales como las aves que volaban por las aldeas en diciembres antiguos ya no son iguales, andan cansados, ya no regresan. Cargan sus tristezas, tristezas de nosotros. De mí. De la forma como vamos transgrediendo sus espacios. En una isla de Balí, Serengan, los pescadores cultivan corales. Durante mucho tiempo los corales de Serengan fueron explotados sin límites, para la construcción de casas y templos, capturaban peces ornamentales para exportar utilizando técnicas suicidas, como la utilización de cianato o de cloro. Y los corales fueron muriendo. Hoy la propia comunidad los cultiva y trabaja para que la fauna marina regrese; para que los peces dejen de decorar lánguidas peceras y vuelvan inundar de colores la mar océano.

4. Liricoterapias o recetas para inventar el azul
Rosa do Mundo: 2001 poemas para o futuro”, es el libro que anduve a enamorar en una librería cercana durante unos años. Y hoy me llega como un regalo de navidad. (alguien me dice, en una de estas noches, mi trabajo sirve para ganarme la vida y la poesía para salvarla, estoy salvado.) Me han ofrecido una de las mejores gramáticas del mundo, lecturas de pieles, de vientos, de aguas, de árboles hablantes, de noches de rabias, y de noches de orgasmos…Mil novecientas paginas de locuras y de alegrías, de melancolías y saudades.

Poemas de las praderas americanas y cantos del margen del río Nilo. Poemas de los Kogui hasta versos de Pessoa. Este libro que narra la geografía poética del hombre, del mundo y sus demonios ocupará un lugar especial en la casa, pero desde antes, desde los días que llevo flirteando con él en el estante de la librería, y desde siempre, la poesía, me ocupa; es ella la que nos da un “lugar”. La poesía es quien da lugar. El arte. Como un día escribió Jean Louis Chretien, “la aparición de lo bello no ocupa un lugar, da lugar”.

No en vano azul el día:
(…)¡azul, azul el día y rutilante!
¡azul, azul el día y henchido de alegría!

(…)No sólo azul: de danzas
Y de risas, de vino y de lujurias,
De alborozo y canciones y quimeras,
Colmado: ¡azul, azul, nutrido de esperanzas! (León de Greiff)

Y un 2008 henchido de alegría, de días azules y noches de amores lunares.

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