Crónica de los Cayucos Voladores

Uno de los pasajes en el Memorial del Convento de José Saramago que más me encantó, es el viaje en un globo (a passarola) del Padre Bartolomeo de Guzmán, Baltasar Siete Soles y Blimunda Siete Lunas (la mujer con poderes mágicos que veía el interior de las personas). Las emociones y sorpresas de los primeros habitantes de una aldea que incrédulos, observaban esa máquina voladora con sus tres pasajeros. Gente asustada, tirando piedras al globo, que no sabían que estaba ocurriendo. Y jamás olvidarían ese momento.
Siempre me he preguntado: ¿cuál habrá sido la sensación de los primeros dules, que en las islas, observaron al primer hidroavión que acuatizó en su “patio”?. Creo que nadie tiró piedras. Pero ¿cómo habrá sido este momento? Que habrán pensado, en este viaje inicial? De pronto una ave metálica, posando en su mar.
Las primeras aeronaves, eran hidroaviones, que partían de Colón hacia las islas de la Comarca y no necesitaban una pista de aterrizaje. Pero la segunda gran guerra fue cambiando las necesidades y se construyó una enorme en la región de Mandinga, hoy en desuso. Era un “aeropuerto militar”. A finales de los años 1940, empezó la construcción de pistas de aterrizaje a lo largo de la costa Kuna.
Uno de los primeros “aeropuertos” fue construido en Narganá, donde en enero de 1948 aterrizó la primera avioneta, cuentan que el aviador era el Capitán Luis Morales. Hoy los nombres de Van der Hans, Ponce, Chatreux, Castro, Tinito entre otros forman ya parte de la historia de las aldeas.

Para mediados de los años 50, muchas comunidades tenían su aeropuerto. Con las avionetas y las pistas, empezó otra forma más acelerada de entrada en la llamada modernidad. Con frecuencia, cada nueva pista, fue territorio “conquistado” a los manglares. Y miles de corales pasaron a formar parte de la nueva aventura, al igual que piedras del río y arena de las playas, desequilibrando en alguna medida la aldea sustentable.
Lejos estábamos a pensar, que pasadas unas décadas, seriamos una de las tribus más voladoras del mundo. Habrá algún kuna que no tenga una relación con los vuelos, con las avionetas, con sus historias y sus angustias y alegrías? Creo que nadie.
Ya porque han acumulado cientos de horas de vuelo, o porque ofrecieron su sudor en la construcción de las pistas, o porque vieron partir a seres amados, o la llegada de nuevas alegrías. O pintaron avionetas en algún diseño, en alguna escultura o sobre todo y por manos de las mujeres en sus MOLAS, estos poemas en forma de vestidos, que también son una crónica de lo cotidiano. En ellas también están estas aves de metal y sus alas de colores, confundiéndose con aves canoras o mariposas sensuales. Las molas cuentan la historia de la aldea, sus sueños, sus miedos, sus fantasmas, – ¡lenguaje que tantas veces los hombres no entendemos!

Y así entraron en nuestras vidas los Sourgukualet, el nombre que los aldeanos dieron a las avionetas. El bote de fuego que vuela! O simplemente cayucos voladores!

De estos pájaros mecánicos, hemos visto desembarcar desde turistas accidentales a antropólogos inocentes, desde burócratas con prisa a maestras asustadas. También nuevas amistades, viejos reencuentros, periódicos del día y cartas de amor.

Y de las islas a la ciudad, van volando, además de los pasajeros; los cangrejos únicos de Ustupu (todo el año los manglares y las costas ofrecen esta riqueza), el famoso pan de las islas, los peces ahumados, para alegrar el espíritu y el cuerpo de los kunas urbanos, los Kurbanos.

Avionetas, convertidos por la magia del turismo, en “máquinas del tiempo”. La ciencia–ficción quedó rezagada. Es sólo leer los folletos turísticos, las revistas de viajes o la propaganda de los hoteles: ”San Blas…a media hora de vuelo de la civilización..”, “.de la moderna ciudad de los bancos y rascacielos, regrese al pasado, descubra unas islas paradisíacas donde viven indios igual a como vivían hace siglos ”. “están más o menos igual a como cuando fueron descubiertos por los españoles”. “un paraíso primitivo”. ¿Indios y aldeas congeladas?

Ironías de la vida, de la modernidad.

Seres de la Selva, que nunca pensaron observar desde las nubes, el territorio antiguo, ancestral, los bosques sagrados y los ríos ya lejanos.

¿Cómo sería viajar en un globo por toda la Comarca? navegar lentamente y observar las islas, las costas, los ríos, en ese globo mágico que tenga los poderes de Blimunda Siete Lunas, para ver las angustias del mar y las preocupaciones más hondas de la tierra y sus habitantes.

29 de Octubre de 2006

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