Ceremonia de pétalos. Crónica de Jardines y Jardineros.

Volodimir Truba, 42 años, natural de Rommi, Ucrania, jardinero de una ciudad del interior de Portugal, amorosamente va podando rosales, observando como crecen los tulipanes, regando alguna amapola que tercamente resiste al tiempo; también cuida y limpia algunos huertos de una aldea cercana. Sus manos, llenas de tierra y un azadón como instrumento, serán manos que al anochecer trabajaran con otros instrumentos, libros de medicina, su oficio, y libros de una lengua que no es la suya y que todavía no domina.

Volodimir, es médico-pediatra. En su país trabajó con otras flores, en otros jardines: con los niños de su Rommi natal. Estudió Medicina en la Facultad de Pediatría de Jarkov (Ucrania) y llegó a Portugal en 2001, como miles de sus compatriotas. Los ucranianos son algunos de los nuevos migrantes que han ido transformando el paisaje cultural y humano de un país que hasta hace poco fue un país de emigrantes y que ahora reniega de ellos.

Ucrania, al igual que otros países de la antigua Unión Soviética, entró en una crisis profunda después de 1991; una transición dolorosa hacia una economía de mercado. En la últimos 6 años han llegado más de 100, 000 ciudadanos del este: médicos, ingenieros, arquitectos, profesores, a trabajar en lo que sea y por un salario mínimo; tareas que nunca pensaron realizar.

Hace poco tiempo se comenzaron a ofrecer algunas posibilidades, en algunas especialidades, para reconocer los títulos que no servían de nada y nuestro jardinero pediatra aprovechó esta posibilidad que no será fácil. Temprano irá al Hospital a realizar las prácticas, después regresará a sus jardines y de noche volverá a sus libros de medicina y de la nueva lengua. Se qué pronto pasará recetas como si podase rosales y sé que cuidará a sus pacientes como quién cuida a su más bella flor.

A lo largo del siglo XX, Portugal fue una tierra de emigrantes. La pobreza, la Guerra Colonial, la represión política provocó la salida de muchos de sus ciudadanos. Casi la mitad de la población activa partió en busca de mejores oportunidades, de una posibilidad de trabajar en el extranjero.

Ahora, a comienzos del nuevo milenio la situación se ha invertido. Casi un millón de inmigrantes han llegado a Portugal en el espacio de una década, modificando el paisaje humano, y entre ellos miles de ciudadanos del este europeo, Rusos, Ucranianos, Moldavos, Rumanos.

Y pienso en otro jardinero, cuidador de otros jardines en otras tierras; mi amigo Rubén (Mani) que hoy prepara exquisitos platos en el restaurante de un gran hotel de Panamá. En su primera vida, en su Dupu (isla en kuna), siempre soñó descubrir los secretos de las flores silvestres, de las plantas medicinales; aprender a cuidar un jardín terapéutico, cómo decir la palabra exacta con la entonación adecuada, para “despertar” a estos elementos que después ayudaran a aliviar el dolor, o a sosegar el alma. ¡Ceremonia de pétalos!

Mani quería ser medico, medico tradicional y durante varios años acompañó a su maestro. Aprendió los poemas y los cantos sagrados, y pacientemente se fue preparando para su futuro servicio.

Pero tuvo que salir de su isla, despedirse de su bosque, de su jardín de flores medicinales para ir a la ciudad. Hizo de todo: limpió calles, casas, fue mensajero, hasta que un día un amigo le invito a trabajar en una cocina, a limpiar y allí comenzó el aprendizaje de otro arte.

¿Sabrá el cliente cuando, excitado por un sabroso plato, que un poeta, que un médico jardinero preparó el manjar? ¡Qué privilegio!

¿Qué está al inicio, se preguntó un día Rubén Alves, poeta y pedagogo brasileño, el jardín o el jardinero? El jardinero, responde. Habiendo jardinero, tarde o temprano aparecerá un jardín. Pero un jardín sin jardinero tarde o temprano desaparecerá. ¿Qué es un jardinero? ¡Una persona cuyo pensamiento está lleno de jardines! Lo que hace un jardín son los pensamientos del jardinero.

Estos migrantes, jardineros, invisibles casi siempre, clandestinos a veces, van coloreando y enriqueciendo paisajes, sembrando de nuevos matices, pétalos, perfumes y pensamientos a otras ciudades… ¿Cómo es posible que pasen desapercibidos?

01 Mayo de 2006

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1 comentario

  1. marlene zarak dice:

    Cebaldo…esta historia me encanta leerla …..pero releerla es siempre un placer, como una linda canción que no te cansas de escuchar y hasta de tararear….. como el platillo favorito….que puede ser el aromatico cafe de la mañana…. o el dulce de la abuela.

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