¡Mancha verde al borde del azul!

Esta historia me la contaron los poetas de mi aldea;
Esta historia me la cantaron los Sailas, en la Casa Grande y la siguen cantando;
Esta historia la transmiten los médicos dules a sus discípulos, que cada día son menos.

Y yo traficante y contrabandista de poemas, de historias, la re cuento.

Cuentan los Kunas, que el Gran Padre y la Gran Madre, al principio de la creación, vivían a orillas de un río llamado Oloubigundiuar y que allí fueron creadas las primeras moradas fundamentales y los primeros seres, que no eran del todo humanos, parecidos, seres en formación.

Uno de estos primeros seres fueron los suardulegan, seres arbóreos o seres del árbol; eran ocho y fueron creados para ser testigos de todo el proceso de la creación. Para que vivieran las dificultades y las alegrías del primer parto.
La Tierra empezaba a nacer!

Entonces el Gran Padre, la Gran Madre y los seres de los árboles fueron al primer nivel de los muchos en que está dividido el mundo, según la historia kuna y donde ocurrió la creación. De esta forma y teniendo de testigos a estos 8 seres especiales (suardulegan), fueron creando el aire, el mar, los ríos, los animales, las plantas comestibles, y por fin la mujer y el hombre. Y el Gran Padre y la Gran Madre, hablan con los suardulegan asignándoles el oficio y el deber de un día cuidar a estos otros seres que llegarían después, los hombres, los pájaros, hacerles sombra contra males y tristezas, epidemias y miedos, alegrarles los días y las noches, mecerse y cantar con el viento.

Concluida esta etapa de la creación los seres arbóreos regresaron al lugar de la primera creación, en el cuarto nivel, donde se quedaron aprendiendo y observando las últimas creaciones del Gran Padre y de la Gran Madre.
Ya existía la Tierra con sus habitantes!

Y allí, en esta Casa Original, en este nivel, los seres arbóreos, recibieron sus primeros nombres, nombres sagrados, nombres mágicos de los árboles. Nombres que el médico dule repite en sus cantos terapéuticos.
Entonces el Gran Padre, la Gran Madre y los seres de los árboles fueron al primer nivel de los muchos en que está dividido el mundo, según la historia kuna y donde ocurrió la creación. De esta forma y teniendo de testigos a estos 8 seres especiales (suardulegan), fueron creando el aire, el mar, los ríos, los animales, las plantas comestibles, y por fin la mujer y el hombre. Y el Gran Padre y la Gran Madre, hablan con los suardulegan asignándoles el oficio y el deber de un día cuidar a estos otros seres que llegarían después, los hombres, los pájaros, hacerles sombra contra males y tristezas, epidemias y miedos, alegrarles los días y las noches, mecerse y cantar con el viento.

Concluida esta etapa de la creación los seres arbóreos regresaron al lugar de la primera creación, en el cuarto nivel, donde se quedaron aprendiendo y observando las últimas creaciones del Gran Padre y de la Gran Madre.
Ya existía la Tierra con sus habitantes!

Y allí, en esta Casa Original, en este nivel, los seres arbóreos, recibieron sus primeros nombres, nombres sagrados, nombres mágicos de los árboles. Nombres que el médico dule repite en sus cantos terapéuticos.

Cuando recibieron sus primeros nombres, entonces los Creadores les infundieron un poder especial, el último aliento mágico: los transformaron en árboles y plantas especiales y los enviaron a la Tierra, y de esta forma empezaron a poblar el planeta, con diversas formas y colores, olores y tamaños.

Así nos cantan y cuentan nuestros abuelos, que mucho antes de que brotaran y poblaran la tierra, las plantas, los árboles, fueron testigos, desde lo más profundo de su ser, de la creación de la Naturaleza y del Hombre, y de esta forma al habitar la Tierra, traían el poder curativo contra los males y los dolores.

Estos primeros seres que vivieron el dolor del primer parto, olieron y vivieron el nacimiento de la Tierra, que sintieron los primeros miedos y angustias de la creación, las primeras alegrías y que llegaron sudando magias y ternuras tenían un secreto; todo su poder curativo, todos sus bálsamos, brotan y alivian cuando se les canta, cuando el Innadulked (médico tradicional) les habla y cuando, con mucho respeto se le acercan los humanos.

Es por esto, y por más, que el bosque es un lugar que canta y que encanta, mancha verde al borde del azul, una sombra extendida que da vida, un jardín de delicias y alegrías, una Casa a cuidar, siempre!

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