Viajar, aprender, regresar, devolver

(Cebaldo) En esta “Luna Llena” de agosto conversaremos de viajes, de la aventura de enfrentar nuevos saberes y conocer nuevos pueblos; del retorno a la Casa Grande y del valor de “devolver la información” a las comunidades que visitamos y que con frecuencia mucho nos dieron.

Ambos tuvimos la gran suerte de participar en uno de los proyectos más extraordinarios realizados por los gunas de Panamá: el Proyecto de Estudios para el Manejo de las Áreas Silvestres de Kuna Yala (PEMASKY), en los años 80. Recorrimos la geografía dule, sus ríos, sus montes, conversamos con sus dirigentes, con sus Poetas Mayores, con sus mujeres y niños. Un equipo de investigadores dules y no dules, nacionales y extranjeros, unidos por la urgencia de crear una área protegida y salvaguardar sus recursos. El libro “Plantas y Animales en la Vida del Pueblo Kuna”, siguió un precepto primario de PEMASKY: hay que devolver la información a la gente.

Portada de “Plantas y Animales en la Vida del Pueblo Kuna”, libro producto de muchos viajes por Guna Yala (http://www.fundaciontierra.es/sites/default/files/web_antiga/es/data/kunas.pdf)

 

Estas reflexiones nacen de aquellos y otros viajes.

Hasta ahora hemos recorrido más de 20 comunidades, hemos hecho decenas de horas
de grabaciones, fotos, cuestionarios, conversaciones, observaciones
que quedarán para siempre en nuestra memoria. Al final estamos hechos de penas,
de afectos, de alegrías, de esperanzas y no solo de métodos, cálculos y teorías.
Los anaimar (amigos) nos han recibido con alegría y hospitalidad; he visto algunos
que no veía hace 30 años o más. Sé que un día he de volver a estos lugares amados,
con otro proyecto íntimo y personal: ¡contrabandear poemas de isla en isla,
en un cayuco a vela!

Nalunega, 31 de mayo del 2007. (Diario de Campo)

Existe en la tradicional oral Guna varias historias de viajes y retornos, de momentos en que algunos “regresan” pero ya no son los mismos pues se quedaron en los otros mundos; de viajeros que regresan y vuelven más fuertes, con más sabidurías y con ganas de compartir lo descubierto. Son cantos y cuentos que se recitan una y otra vez, como un poema que retorna y gira alrededor de los viajes y de los viajeros dules que salen a conocer otros mundos.

Como la historia de Uagibler, y otros Nergan(1), que en tiempos de gestación de la Tierra fueron a vivir y conocer los reinos de las aves, de las rocas, del viento o de las aguas y plantas, y después regresaron para contar de estos mundos y sus enseñanzas. ¡Sabidurías compartidas!

O también la historia de las tortugas, que nacen en una playa y se lanzan a viajar por otros mares pero siempre vuelven a su playa materna después de miles de kilómetros recorridos y de vidas vividas.

Uno de los mitos fundadores de la cultura Guna, es el Canto de Ibeler y sus hermanos. Ellos pierden a su madre en el parto y es otra mujer y otros seres quienes los crían – seres diferentes, mitad humanos, mitad animales. Nadie les cuenta su verdadero origen hasta que un día van a un río y el río, espejo natural, les muestra que no es así la historia: ven sus caras y caen en cuenta que no son iguales a los seres que los crían y dicen ser sus padres… Han sido engañados. Empiezan a buscar su identidad, sus raíces, incluso a buscar el cadáver de su madre, que en alguna esquina de algún rio estará a su espera. El río les “habla” de su pasado y de su presente. ¿De dónde venimos? ¿Qué somos?… ¡Ritos de Identidad!

Escuchar de nuevo estas historias en las Onmaketnega (Casa del Congreso) de Kuna Yala y en las entrevistas a dirigentes e historiadores de las aldeas, nos permitió no solo consolidar nuestra cosmovisión e identidad, sino también dar forma a algunas dudas, angustias y desafíos.

He hecho no pocas investigaciones “en casa”, las cuales han sido también viajes hacia el interior de mí mismo. Confrontarnos con nuestras dudas, con las transformaciones ocurridas en la forma de entender los cambios y rituales en las comunidades… no solo bajo la mira “antropológica” del especialista, sino con la del que regresa al hogar y trata de entender la vieja canción, los antiguos poemas.

El investigador, aun siendo nativo de la comunidad, no deja de ser alguien que llega “a preguntar”, a observar desde una cierta distancia las actividades de los comuneros.
Son algunas reflexiones y preguntas, que he encontrado en mis caminos de investigador y de permanente aprendiz.

Con un grupo de niños amigos, en la comunidad de Armila (este de Kuna Yala)

Con un grupo de niños amigos, en la comunidad de Armila (este de Kuna Yala)

 

(Jorge) Cuando pequeños nuestro padre nos contaba que allá en Reyco, su pueblo natal, reconocían a las personas de conocimiento por los kilómetros recorridos. “Es un viajado”, decían sus paisanos.

Viajando se aprende es una de esas verdades llanas, sencillas, pueblerinas.

Octavio Paz, el poeta mexicano, afirmó alguna vez: “El proverbio europeo es falso; viajar no es `morir un poco´ sino ejercitarse en el arte de despedirse, para así, ya ligeros, aprender a recibir. Desprendimientos: aprendizajes”.

Hay de todo en la viña del Señor. Algunas personas casi no viajan y tampoco sienten la necesidad. Otros a la primera oportunidad, parten; sea buscando geografías nuevas, sea a sitios escogidos.

Sabemos, mi querido Inawinapi, que es también un asunto de oportunidades. Pero no se crea que solo viaja quien tiene medios, plata con qué pagar. Ahí están por ejemplo los viajeros caminantes, especie que personalmente espero no se extingan nunca. Matsuo Basho fue uno de ellos. Vivió en el Japón del siglo XVII. Octavio Paz lo describió así: “…hombre frugal y pobre que escribió ya entrado en años y que vagabundeó por todo el Japón durmiendo en ermitas y posadas populares; ese reconcentrado que contemplaba largamente un árbol y un cuervo sobre el árbol, el brillo de la luz sobre una piedra; ese poeta que después de remendarse las ropas raídas leía a los clásicos chinos..” Hoy día Basho es uno de los mayores poetas japoneses de todos los tiempos. Y era una gran caminante.

Acompañado de su maestro Simón Rodríguez, quien sería llamado “El libertador del Libertador”, en 1805 Simón Bolívar caminó a pie de Francia a Italia. Y llegando al Monte Sacro juró en presencia de su maestro y a sus 22 años, luchar por la independencia americana de España. Y lo hizo.

De diciembre de 1928 al mes siguiente el poeta colombiano Fernando González hizo un viaje redondo a pie, caballo y tren, partiendo y retornando a Envigado, Antioquía. Su travesía está narrada en un hermoso librito “Viaje a Pie”, publicado por primera vez en Francia en 1929. La iglesia católica lo prohibió y el librito se disparó en ventas.

No se trata tampoco de siempre llegar muy lejos. David Thoreau, uno de los mayores y mejores y más comprometidos ensayistas estadounidenses, nació, creció y murió en el pueblito de Concord, en Massachusetts. Cuando le preguntaban por sus andanzas, decía: “…He viajado mucho, en Concord.”

Quiero animarte Cebaldo a que cumplas tu deseo de ir en bote a vela de isla en isla, contrabandeando poesías por toda la Comarca. Sabes que poetas y poetizas cómplices tendrías a raudales. Acuérdate que Basho hacía “..viajes a pie como un monje pero asimismo como un extraño `sembrador de poesía´”. Tú harías lo mismo a través del mar (…pero no como monje).

Viajando está la suerte de alejarse y la fortuna de regresar. Regresar al hogar o a los lugares visitados y “de-volver” lo aprendido.

Recuerdo aquella vez cuando nos tomábamos un café en la vieja avenida Central de ciudad de Panamá. Un paisano tuyo, de Ustupu, te reconoció y sin dejar de caminar te dejó saber desde la acera del frente que tenía guardados los recortes de todas tus crónicas, publicadas en el diario La Prensa.

Me imagino a ese dule leyendo y releyendo tus textos, y sentipensando: “Esto soy yo”.
Quizás, a final de cuentas, sea eso y nada más este nacer, morir y renacer que experimentamos una y otra vez aquí en la Tierra: un viaje y un aprendizaje, para regresar y devolver.

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(1) Nergan o Neles: según la historia oral Guna, al comienzo de la construcción del mundo, muchas de las cosas, de la técnicas y de la cultura en general eran desconocidas. Pero ya vivían seres con capacidad superior para aprender y dirigir, eran los Neles. Estos fueron enviados a los mundos diferentes, al de las plantas, de las aves, de los animales, del viento… para que aprendiesen de sus secretos y sabidurías. Fueron, vivieron en esos mundos, y regresaron a contar las novedades.
25 agosto, 2018

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