Una infinita expectación de la aurora…

Ilustración: Ani Ventocilla.

Bueno Cebaldito, te propongo conversar en esta Luna sobre un espacio de tiempo bien particular: el amanecer.

Se bien que en comparación y quizás por pura costumbre, los atardeceres dan más pie a comentarios, fotos, ensoñaciones y demás. Se alaba y se tiene más en cuenta a los atardeceres que a los amaneceres. Pero, decía Thoreau: “…todos los hechos memorables acontecen en la mañana y en una atmosfera matinal. La poesía y el arte y las acciones más bellas y memorables de los seres humanos datan de esa hora…”

(Cebaldo) Me gustan las madrugadas, que yo ubico previas, anunciando el amanecer. Desde niño me encantaban porque sentía que mi abuela era algo así como “la guardiana de mis madrugadas”. Era ella la que me preguntaba “Cebaldito, ¿qué soñaste? a manera del buenos días de nuestro primer encuentro del día.

(Jorge) Hay una energía muy particular en ellos. El mundo es como nuevo otra vez y fresco como nunca. Es un recomenzar: una nueva oportunidad totalmente gratuita.

Y habla, siempre dice algo valioso el amanecer. Talvez lo que dice se puede guardar y retomar luego en el día, cuando de seguro será precisamente lo que estábamos necesitando saber o considerar. Haz la prueba, escucha y verás.

(Cebaldo) El primer acto de la tribu al despertar es contar lo que soñamos. Como creando un puente invisible entre la noche y el día por medio de palabras y gestos. ¿Qué soñaste? Y me imagino las palabras y muchas sensaciones cubriendo casas, cuerpos y calles. ¿Por qué los indígenas en todo el mundo nos contamos los sueños? Por qué los compartimos? Tal vez para sentir que no estamos solos, que la aldea nos cuida, que tenemos quién nos escuche… Para que los miedos y los fantasmas se escapen por la puerta del fondo. Y que mi historia onírica no sea solo mía: que tenga cómplices.

(Jorge) Lo mejor para sentir el amanecer es procurarse una forma de contacto con la naturaleza. Sea en un jardín, un parque… aún una planta sembrada en maceta, transmite “algo” a esa hora. Posar los pies descalzos en la grama, en tierra o en arena, ya es otra cosa… te puede poner en estado de gracia.

(Cebaldo) ¿Y qué será el amanecer? ¿Lo contrario a la noche, nada más? ¿Su otra cara? Llega prometiendo nuevas estaciones y puentes para que el día sea una nueva alegría a disfrutar. Y allá en Ustupu, la madrugada llegaba también oliendo a frutas. Y sonando con los sonidos maravillosos de mi infancia. Es de madrugada, antes que el sol salga, cuando se prepara la bebida mágica, el madun – hecha de banana, cacao, agua y mucho amor. Y el toc-toc-tóc de los instrumentos usados para crear esta bebida de manos de los dulemar. Sonido que se mezclaba con el del caracol – el fututo – llamando al trabajo y al primer baño. Y el olor del madun invadía la aldea, las calles…. Era el despertador de mi infancia, que hoy de seguro continua despertando a los kunas de Ustupu …¡El día entraba por la nariz! Saludar la salida del sol con una taza de madun… Linda la imagen, ¿no?

Y también el ritual del primer baño, antes que la madrugada llegue a su fin y el amanecer nos cubra. Decía mi abuela que no podíamos beber el primer madum o tomar la primera comida, sin el baño tempranero. Era el agua, dialogando con nuestro cuerpo, preparándonos para las nuevas sorpresas por venir.

(Jorge) De pronto y proponemos a la Asamblea que sea ley que todo gobernante salga cada mañana temprano al jardín de palacio o a un parque… ¿No te parece que su manera de gobernar sería más amable y generosa después? Así también para cualquiera en el gobierno de su propia vida.

Y dale que vuelvo a Thoreau. Tengo subrayado en mi ejemplar de su Walden “…La mañana es el periodo mas memorable del día. Había [en el lago Walden, al amanecer] algo cósmico… Un constante aviso, hasta entonces vedado, del perdurable vigor y la perenne fertilidad del mundo. Para aquellos cuyos pensamientos elásticos y vigorosos siguen la marcha del Sol, el día es una mañana perpetua…”

Conozco y admiro a ciertas contadas personas que se despiertan poco antes del amanecer, solo para no perdérselo. A veces uno hasta logra sentir un viento muy fresco, como nuevo, que recorre el mundo únicamente a esa hora. Poco me pasa a mí, lo reconozco, porque soy medio dormilón (bueno, “soñador” más que dormilón). Qué alegría para buena los encuentros con ese viento tan nuevo y frío del amanecer.

Permíteme Cebaldo, que terminemos con Thoreau esta Luna Llena.

“Debemos aprender a re-despertarnos y a mantenernos despiertos no por ayudas mecánicas sino por una infinita expectación de la aurora, que no se separará de nosotros ni en nuestro sueño mas profundo. No conozco hecho más alentador que la incuestionable capacidad del ser humano para elevar su vida por un empeño consciente…”

Mis respetos, maestro.

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23 noviembre, 2018

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