Si esta ciudad fuese mía…

Cada ciudad puede ser otra
cuando el amor la transfigura.
Cada ciudad puede ser tantas
como amorosos la recorren.
Mario Benedetti.

Ilustración de Ani Ventocilla

Ilustración de Ani Ventocilla

En una ciudad del mediterráneo, un día, preguntaron a los ciudadanos cuánto debería medir una acera, un paseo. Esto porque ya por todo lado eran los carros y no había espacio para los de a pie, los paseantes.
– “Algunos centímetros más”, dijeron algunos.
La respuesta que dio un niño bien parece que debería ser la medida de la acera perfecta en cualquier ciudad de este planeta: “¡Que una familia camine de manos dadas!”, dijo.

Recordando esto pensaba en mi lejana ciudad de mariposas, pájaros y árboles. La ciudad que me recibió en los años ‘60 y donde fui construyendo también mis días: mí amada Ciudad de Panamá.

Bannaba, (“más allá”, “a lo lejos”, en dule gaya, la lengua de los Guna). Así le dijeron al español que llegó hace un montón de lunas, cuando preguntó por el nombre de aquella tierra, y el ai guna sin entender lo que le preguntaba, tal vez intuyéndolo, le respondió amistosamente: “Allá a lo lejos, está otro bello caserío”.

Pasados varios días de caminata, los conquistadores encontraron el caserío rodeado de mariposas, peces y árboles. ¡Y le llamaron Panamá!

Mis primeras cartografías sentimentales están muy ligadas al cuerpo de la capital de la República de Panamá. Caminaba desde la Iglesia de Cristo Rey a la escuela República de Chile. Calidonia, La Exposición y Bella Vista eran los lugares amados y deseados por el encanto de pasar por sus tiendas y parques. Así empecé a memorizar colores, olores y sabores de mi ciudad, mi nueva aldea. Recuérdese que yo venia de nacer y crecer en Ustupu, Kuna Yala… ¡Qué mistura de encantos!… Y he aquí que vi cómo, en lo que trascurrían mis años escolares, la ciudad iba creciendo…

(Jorge) Sí, hace medio siglo y aun un par de décadas después, un joven estudiante podía ser un joven estudiante en la Ciudad de Panamá. En la actualidad diría que es difícil. Pero los hechos muestran que esta sociedad pudo levantar una ciudad bastante grata para vivir, muy por delante de la actual.

Apoyándonos en la evidencia histórica, propongo nos imaginemos – soñemos, si se quiere – lo que una ciudad pudiera llegar a ser si las personas y realidades socioeconómicas que deciden sencillamente quisieran.

Aclaración importante. Un personaje de apellido Allen, me enseñó que “…así como el mundo visible se sostiene por fuerzas invisibles, así el ser humano… se nutre de las visiones de belleza de sus soñadores solitarios. La humanidad no puede olvidar a sus soñadores, no puede dejar sus ideales desaparecer y morir; la humanidad vive en estos ideales, los conoce como las realidades que un día serán vistas y conocidas”.

Entonces, soñemos, que siempre ha valido la pena hacerlo.

Soñando soñamos que podemos ser habitantes informados. Aprendemos en la escuela y en casa dónde se genera la energía eléctrica que prende el foco del cuarto, y de dónde nos llega el agua del café de cada mañana. Y en consecuencia, sabemos adonde van la basura y las aguas servidas que generamos. Y en el curso de Geografía aprendo nombres de ríos y quebradas principales que atraviesan mi ciudad, nombres de sus árboles, plantas, las aves, los peces, las tortugas. Y el Palacio de Las Garzas, La Exposición… ¿porqué se llaman así?

En esa ciudad, los domingos y feriados las familias saldrían a pasear a los parques no al Mall más cercano. Y la pasarían muy bien. Por cada 30 carros se instalará una banca: cómoda, en lugar agradable, con sombra, en conmemoración de… ¡Una por cada 30 carros! A inicios del 2017 en la provincia de Panamá y Panamá Oeste habían 925,143 vehículos inscritos, por lo que la gente tendrían más de 30 mil bancas donde descansar.

Por cada familia y por Ley, serán plantados 2 o 3 árboles (…para mí uno de mango, por favor). Y de cada 7 avisos comerciales 1 debería estar dedicado enteramente a publicitar un mensaje cívico:

Respetar es un Derecho Camine más Sonría Con Lo Que Piensa
“Salude, de las gracias..” Esfuércese [ dig-ni-dad ]
“La Queja, Aleja” ¿Y Usted, nació para vivir o para comprar?
¿Abrazó a alguien hoy? Lea la Constitución

(Cebaldo) En las ciudades el ruido que producen los carros y los edificios cuando crecen y se multiplican son la “sinfonía del desarrollo”; y al mismo tiempo sus otros habitantes – aves, árboles, manglares, ríos, bahías.. – van sufriendo exilios y derrotas: el cemento avanza, la naturaleza retrocede.

Esta vorágine de exilios, velocidades, cemento, ruido y asfalto, provoca dolorosas pérdidas. Y no hay mapas de geógrafos, planos de arquitectos, esquemas de ingenieros, o discursos de políticos, que codifiquen el mapa emocional que surge de nuestra interacción con la ciudad que habitamos y nos habita.

¿Cómo se contabiliza una bahía que se contamina, un río que se seca? ¿Cómo se contabiliza si perdemos una parte del cuerpo y de la propia alma? ¿Cómo cartografiar esas emociones que se des-hacen?

(Jorge) No exagero. Son posibilidades implementadas ya en otros lados. Y hay gente aquí que trabaja y sueña con estos temas. Les cuento: creía yo que las ciudades, con el paso de los años, iban siempre a peor. Que inexorablemente su crecimiento traía consigo un descenso de la calidad de vida. Hasta que a mediados de la década pasada, visité Bogotá. Bajo el lema “Por una ciudad sin indiferencia” y en medio de un país casi en guerra, Bogotá se esforzaba por ser amable con su usuario de cada día. Se instalaron ciclo-vías, los domingos se cerraba el paso de automóviles en calles principales, aumentaron las bibliotecas donde se conseguía hasta música. Se hacía docencia… Luego supe de Medellín que de Ciudad del Crimen pasó a Capital Internacional de la Poesía. Me parece que hasta ahora funcionarios del Municipio de Medellín viajan contando su rollo de cómo hicieron, y con quién lo hicieron: cambiar su ciudad. Es decir, una ciudad puede ser cambiada para bien.

(Cebaldo) La lucha contra la deshumanización de ciudades y aldeas es una tarea diaria y es vivida en no pocos lugares de este mundo. Por eso existen ciudades donde sus habitantes tratan de reencontrarse en plazas y parques, en teatros o mercados; vecinos que se juntan para cultivar en huertos urbanos, o simplemente caminar por sus aceras de manos dadas y sentir la ciudad y vivirla como su otra piel. ¡y que nuestras ciudades no sean territorios de “tragalunas”, sino territorio de amorosos!

Luna Llena de Octubre.
Abrazos de Jorge e Inawinapi

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24 octubre, 2018

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